Tratamiento medico seguro

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domingo, 20 de febrero de 2011

ULTRACAVITACION




TECNOLOGIA CIENTIFICA NO INVASIVA
SIN CIRUGIA EQUIVALENTE A LA LIPOSUCCIÓN
ALTAMENTE EFICAZ EN LA REDUCCION Y
ELIMINACION DE LA GRASA LOCALIZADA EN:
Zona abdominal y lumbar - caderas y glúteos -
Muslos, parte interior de los muslos - Brazos

RESULTADOS ESPECTACULARES EN
Reducción de medidas - Celulitis - Piel de naranja

Tratamiento totalmente indoloro
Sin efectos secundarios
Resultados desde la primera sesión
También conocida como liposucción sin cirugía, es una técnica no-invasiva (sin cirugía) para moldear el cuerpo y eliminar grasa, que logra resultados altamente satisfactorios en reducción de volumen, celulitis y piel de naranja desde las primeras sesiones.
La tecnología de ultra cavitación permite tratar de forma selectiva las células grasas produciendo su rotura sin dañar los tejidos de alrededor. El sistema es muy selectivo, lo cual asegura que el objetivo es el tejido adiposo subcutáneo y no otro. Durante años se ha buscado la forma de destruir selectivamente las células grasas prescindiendo de todo acto quirúrgico. Todas las investigaciones realizadas se han basado en el uso del ultrasonido y, en concreto, tratando de generar selectivamente uno de sus efectos directos, denominado "cavitación", en el tejido graso. La cavitación es un fenómeno
Físico basado en el efecto de los ultrasonidos en líquidos, que provoca la creación repetida de micro burbujas de vacío de gran tamaño, debido a la oscilación rápida de cambios de presión. Las ondas ultrasónicas convergen en el área objeto de tratamiento y se acumulan en un punto produciendo el efecto de cavitación, lo cual conlleva la rotura de las membranas celulares de los adipocitos permitiendo la liberación del contenido de los mismos (triglicéridos), estas grasas liberadas son metabolizadas a través de un proceso metabólico y fisiológico natural.0

TRATAMIENTO
Es un tratamiento indicado para aquellas personas que quieren mejorar el aspecto de su cuerpo sin tener que acudir a la cirugía. Nos permite realizar tratamientos de depósitos grasos localizados y celulitis. Muy apropiado para abdomen, caderas, cara interna de muslos, brazos, espalda
No tiene ningún efecto secundario, no es doloroso (tan sólo se nota un cierto calor en la zona tratada) y no necesita prueba de alergia. Tan sólo se recomienda utilizar antes y después del tratamiento mucha hidratación (beber bastante agua)
Tras someterse a un tratamiento de estas características, la piel puede mostrar un leve enrojecimiento que desaparece espontáneamente en muy poco tiempo.
Es conveniente aplicar técnicas de masaje de drenaje linfático, después del tratamiento para favorecer la eliminación de las grasas movilizadas. Para que el tratamiento sea más efectivo es conveniente hacer algo de ejercicio después de cada sesión ,15 minutos de bicicleta o 40 minutos andando serán suficientes para eliminar la grasa liberada en nuestro organismo, el ejercicio se puede realizar en un plazo máximo de 48 horas a la sesión
Por regla general se realiza una serie de 6 a 8 sesiones (1 sesión por semana), logrando resultados evidentes y permanentes.
Tras el tratamiento de cavitación se puede aplicar Radio Frecuencia para prevenir la flacidez.

RESULTADOS
Los resultados son progresivos, no obstante tras la primera sesión ya es apreciable una mejoría de la piel. Logramos una importante reducción de medidas, así como una notable desaparición de la celulitis y piel de naranja.
No existe inflamación ni alteración de los tejidos circundantes, por lo que no amerita reposo post. tratamiento.

domingo, 9 de mayo de 2010

El tamaño de las raciones

Muchas personas que cuidan su alimentación para reducir el sobrepeso, descuidan un factor tan importante o más que la propia elección de los alimentos que ingerimos: las cantidades. Diversos estudios han confirmado que comemos más cuanto mayores son las raciones que tenemos inicialmente en el plato: se come hasta un 45% más cuando se sirven raciones más grandes.

¿Qué nos lleva a tomar raciones excesivas cuando comemos en casa? Cuando la persona que va a cocinar decide la cantidad a preparar de un plato, no quiere correr el riesgo de que después los comensales se puedan quedar con hambre, por lo que prepara siempre un poco más de lo que cree que será necesario. Luego, en la mesa, preferimos que no quede una pequeña porción de comida en la fuente (los "restos" que luego ocupan tanto espacio en la nevera), por lo que insistimos en repartir todo el contenido de la fuente entre los comensales. Éstos, que están muy bien educados, saben que si dejan parte de la comida en el plato se podría pensar que no les ha gustado, por lo que hacen lo imposible por dejar el plato vacío. Y así, de esta forma, nos estamos sobrealimentando un día tras otro.




Por otra parte, cuando comemos en un restaurante no somos nosotros los que llenamos los platos ni decidimos el volumen de las raciones. De hecho, el tamaño de éstas ha aumentado en las últimas décadas. Se ha impuesto el "coma más por menos dinero", con vasos gigantes de refrescos, hamburguesas XXL, enormes paquetes de palomitas en el cine y productos similares que se imponen como motivación de compra. Una hamburguesa XXL puede suponer la mitad de nuestras necesidades energéticas para todo el día.

¿Qué hacer? Cuando vayamos a comer en casa, preparar sólo la cantidad de comida que corresponda a una ración razonable para cada comensal o, si preparamos más, llevar los platos ya servidos en la cocina, dejando allí el posible excedente comida por si alguien pidiese repetir. Otra medida sencilla y muy eficaz es reducir el tamaño de los platos, para que sólo quepan raciones más pequeñas; aunque dejemos abierta la posibilidad de repetir, el resultado será que comeremos menos. Podemos utilizar platos de postre o, si fuese necesario, vale la pena comprar un juego de platos de diario con menor capacidad.

Cuando comamos en un establecimiento de comida rápida, aunque es difícil resistir la atracción de más cantidad por casi el mismo precio, debemos esforzarnos por ceñirnos a la ración que hubiésemos pedido caso de no existir dichas ofertas. En otros restaurantes podemos pedir platos para compartir entre varios. En cualquier caso, aunque a primera vista nos parezca un desperdicio, sería muy interesante adquirir el hábito de dejarnos siempre un poco de comida en el plato: para las personas con sobrepeso es mejor tirarla que acumularla en forma de grasa.

Los postres

Normalmente, en una comida nos saciamos con el primer y segundo platos, y cuando llegamos al postre ya no tenemos hambre. El postre en una parte de la comida con una finalidad puramente hedonista, lo cual, por otra parte, tampoco es malo. Lo que sí interesa es ser conscientes de que no necesitamos el postre para saciar el hambre, sino que lo tomamos buscando un broche placentero para la comida.

Hemos dicho que el postre no tiene por qué ser malo, ni siquiera cuando nos proponemos bajar de peso, pero lo que sí es malo es un postre excesivo. Y con demasiada frecuencia los postres son excesivos: una ración de tarta puede aproximarse al cuarto de kilo, con una carga calórica superior al segundo plato. En Adelgazar.net proponemos una alternativa diferente según la persona o la situación concreta de que se trate:



Si puedes, acostúmbrate a pasar directamente del segundo plato al café. Ya que su función no es quitar el hambre, tomar un postre no deja de ser una costumbre y, como tal, podemos modificarla para prescindir de él. Es cuestión de unas semanas que nos resulte natural tomar un café después del segundo plato.

Si no deseas prescindir del postre, recurre a la fruta de temporada preparada. Cuando después del segundo plato nos ponen el frutero delante de las narices, es frecuente que no nos satisfaga, y se debe unas veces al aburrimiento (las peras y manzanas de siempre) y otras a la pereza (hace falta valor para ponerse a pelar un kiwi con el cuchillo de mesa). Sin embargo, casi cada mes tiene alguna fruta que está deliciosa y que no se da el resto del año, con lo que no te aburre: fresas, mandarinas, paraguayas, uvas, granadas, sandía, cerezas,... cualquiera de ellas, previamente lavada y troceada, es una fiesta. Y si no tienes fruta de temporada, échale un poco de imaginación y dedica diez minutos a hacer una macedonia con las peras, manzanas y plátanos de siempre; sólo hay que pelarlas, trocearlas y echarles un chorrito de zumo.

Bien, supongamos que eres de los que no sólo no puede prescindir de postre, sino que además necesita que éste sea dulce. Aun en este caso hay soluciones de compromiso jugando con las cantidades. Si estás en casa, pon raciones muy pequeñas de dulce (recuerda que ya no tendrás hambre), y si estás fuera de casa pide un único postre para compartir varias personas (es esta una costumbre muy extendida y aceptada). Incluso puedes recurrir a una onza (sólo una) de chocolate negro.

El exceso de sal en la comida

La sal, al igual que el azúcar, tiene un cierto efecto adictivo: dentro de unos márgenes, al cabo de los años el cuerpo nos va pidiendo un poco más de sal en nuestros platos para que nos resulten sabrosos. Pero el gusto por la sal es adquirido y, por ello, es perfectamente posible modificarlo, de modo que tras una temporada empleando muy poca sal, necesitaremos mucha menos cantidad que antes para encontrar todo su sabor a los alimentos.

El sodio es un elemento presente de forma natural en nuestro cuerpo, por lo que consumir un poco de sal (unos 4-6 gramos diarios para los adultos y 3-4 gramos para los niños), es necesario para reponer las pérdidas de sodio producidas en la orina, transpiración, vómitos o diarreas. El problema es que la tomamos en exceso pues, cuando nos hablan de la sal todos tenemos en la cabeza la imagen del salero, pero pocos son conscientes de la gran cantidad de sal que nos llega ya incorporada a infinidad de alimentos procesados, como las pastillas de caldo, los embutidos, los quesos duros, los encurtidos, los precocinados, etc. Además, aparte de la sal (cloruro sódico), en los alimentos procesados hay otros aditivos alimentarios que contienen sodio, como el potenciador del sabor glutamato monosódico E-621, de uso muy extendido en la industria alimentaria.




Un consumo excesivo y prolongado de sal tiene unos efectos muy perjudiciales para nuestra salud: retención de agua, (con el consiguiente aumento de peso y mayor trabajo para corazón, hígado y riñones), riesgo de hipertensión arterial y empeoramiento de los síntomas asociados a enfermedades coronarias, hepáticas y renales. Estos problemas no suelen lograr que nos concienciemos para controlar la sal, pues la mayoría de ellos no presentan síntomas, no avisan ni producen dolor alguno durante años... hasta que se presenta la enfermedad inducida por ella.

En el mundo desarrollado el consumo de sal es casi el doble de la cantidad recomendada y, como ya hemos dicho, la mayor parte de ella nos llega ya incorporada a los alimentos que compramos en la tienda. Por este motivo, además de intentar evitar los productos alimenticios más salados, hay que controlar mucho la cantidad de sal que añadimos voluntariamente a la comida que preparamos. Para ello la cocina sana recurre a las hierbas aromáticas y a las especias, que añaden aroma y sabor sin aumentar el nivel de sodio; prueba a condimentar primero con ellas, probar la comida, y luego, sólo si hiciera falta, agregar un poco de sal.

lunes, 3 de mayo de 2010

Cuidar el peso al comer fuera de casa

Muchas personas son capaces de mantener cierta disciplina gastronómica cuando comen en casa, pero la pierden cuando lo hacen fuera. Esta puede ser una de las causas más importantes de su fracaso a la hora de mantener un peso saludable. Veamos por qué, y qué podemos hacer para evitarlo.

Para la salud de la población, los problemas derivados de comer fuera de casa, sobre todo cuando es a diario por razones laborales, son de tal importancia que la Unión Europea ha financiado una campaña, Food, dirigida a mejorar los hábitos alimenticios de los que no pueden comer en casa. Está dirigida tanto a los particulares como a los establecimientos del sector de hostelería.



En primer lugar, a la hora de comer fuera deben distinguirse dos situaciones diferentes: cuando se hace de forma excepcional, por esparcimiento (celebraciones, reuniones, fiestas, en vacaciones, etc.), y cuando se hace a diario, por razones laborales. En las primeras suelen cometerse mayores excesos, si bien son mucho menos frecuentes y, por ello, su incidencia en el peso y la salud es menor, en general.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el abuso en una celebración puede echar por tierra nuestros esfuerzos durante toda una semana en lo que a mantener el peso se refiere. El principal enemigo, en estos casos, es un argumento del tipo: "un día es un día". En otros casos, es la presencia de platos muy apetecibles y abundantes lo que nos puede hacer perder los papeles. Hay que estar prevenido e intentar no caer en ninguna de estas dos trampas.

Sin embargo, por su frecuencia, es el comer fuera a diario, por motivos laborales, lo que puede tener una mayor incidencia en nuestro peso. Por ello, es conveniente atender a los consejos de los expertos. El primero de ellos es pedir menús variados, equilibrados y saludables. Es decir, evitar caer en el frecuente error de pedir siempre lo mismo, intentar comer de todo (carne, pescado, pasta, verdura, fruta...) y abundar en lo más sano: sobre todo aceite de oliva, pescado, verdura, fruta y legumbres.

Igualmente, y aunque no hay que rechazar de forma absoluta ningún alimento (salvo indicación médica), procuraremos no excedernos con las grasas animales, embutidos, bollería industrial, dulces y refrescos. Y, también, es conveniente ser parcos con la sal. Por el contrario, ponen especial énfasis en beber sólo agua durante las comidas y en tomar cinco raciones diarias de frutas y verduras.

También recomiendan ciertos "trucos", como pedir medias raciones (o compartir platos) y recurrir preferentemente a la comida al vapor, al horno, a la parrilla o a la plancha, que son menos engordantes. Y, por supuesto, a veces se puede contemplar la posibilidad de evitar comer en estos locales. Por ejemplo, cambiando horarios o bien desayunando fuerte y llevándose una comida ligera de casa para tomarla en el propio lugar de trabajo. La báscula y la cartera saldrán ganando.

http://centromedicoadelgazar.blogspot.com/

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Horarios de alimentación y exceso de peso

Horarios de alimentación y exceso de peso

Un trabajo confirma algo que los expertos ya sabían: comer por la noche, en contra de nuestro reloj biológico, puede llevar a la obesidad o ser un factor importante que nos conduzca a ella. Conviene, pues, seguir las pautas de actividad natural y comer a sus horas.

El reloj biológico o interno es el que nos acompasa los ritmos de nuestro cuerpo (comer, dormir, estar activo...) con los naturales (estaciones y día/noche, fundamentalmente). El más importante es el reloj circadiano, que regula el ciclo día/noche. Un ejemplo de la importancia de sincronizar ambos ciclos es cuando se desfasan, como consecuencia de un viaje largo en avión y sufrimos, durante varios días, el famoso y desagradable "jet lag". Este reloj biológico lo tienen todos los seres vivos, incluidos los vegetales.

Un estudio, realizado en la Universidad de Northwestern (Illinois, Estados Unidos) y publicado en la revista de "Obesity", ha profundizado en esta cuestión y llegado a un resultado interesante: comer fuera del horario natural, es decir, hacerlo por la noche, engorda. Los investigadores, encabezados por Fred Turek, mantuvieron durante seis semanas a dos grupos de ratones con una dieta rica en grasas.



Al primer grupo se le alimentó durante su horario natural (por la noche), es decir, de forma acompasada con su reloj biológico; al segundo, durante el día. Al final del experimento, el segundo grupo engordó bastante más que el primero. Turek concluye que alimentarse en contra del reloj biológico facilita la obesidad. En las personas, eso equivaldría a comer de noche.

Otros estudios abundan en la misma idea. Por ejemplo, se ha comprobado que quienes trabajan en turnos de noche (y, por tanto, suelen también comer de noche), tienden a ganar unos kilos de más. Otras investigaciones afirman que quienes comen después de la cena tienen propensión a aumentar de peso.

La razón de esto podría estar en que, si lo hacemos fuera del horario que nos marca nuestro reloj biológico, comemos un poco más y, por otra parte, el consumo de energía es menor. Como consecuencia de ambas cosas, engordamos; aunque los expertos recalcan que hay otros factores implicados en la aparición del sobrepeso o la obesidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, las personas que tengan problemas con la báscula deberían tomar buena nota e intentar comer obedeciendo a su reloj biológico (es decir, evitar hacerlo de noche), y no contra él. Los propios autores de la investigación afirman que "simplemente modificar los horarios de las comidas puede afectar enormemente al peso corporal. Esto puede ser el principio del desarrollo de nuevas estrategias para combatir la obesidad". Con ello, probablemente no eliminaremos el problema del sobrepeso, pero puede ser una ayuda. Y en esta lucha tan difícil, cualquier ayuda es buena.